HNAS. NTRA. SRA.
DE LA
CONSOLACION.
Sta. María Rosa Molas. Ntra. Sra. de la Consolación
En el año 1971 nace una obra:
El PEQUEÑO COTTOLENGO DON ORIONE, que depende del Obispado de Río Cuarto.
Fundador y alma de esta obra es el padre Geniale Silvi, ex miembro de la Congregación de Don Orione. Le apoya un grupo de laicos colaboradores.
Obra, impregnada de amor por los pobres, enfermos, desvalidos, discapacitados, abandonados, etc. Obra cargada de singulares historias a la que ha unido una trama casi invisible: EL PRÓJIMO, LA MISERICORDIA , LA FE , LA PROVIDENCIA , LAS OBRAS Y LA CARIDAD , el reconocer a Cristo en el otro, en el más abandonado y pobre. El Pequeño Cottolengo es una obra edificada sobre “roca firme”, CRISTO, cuyo cimiento ha ido creciendo entre luces y sombras entre esperanzas, sueños, sacrificios, esfuerzos, logros… audacia hecha certeza en total y absoluta confianza EN LA DIVINA PROVIDENCIA.
El Cottolengo cuenta con cincuenta internos entre ancianos, inválidos y personas con capacidades diferentes.
Llegada de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación :
Desde el año 1988, nos hacemos presentes las Hermanas en esta Obra que tiene sabor de nuestros orígenes y responde al corazón y sensibilidad de Santa María Rosa Molas.
Madre Provincial (Madre María Sancho) visita las instalaciones y se informa de la obra y de su funcionamiento
Con este deseo muere el padre Silvi el 15 de abril de 1988.
El 17 de abril Madre Josefina Cornelles y Madre Rosario Cobos, llegan a Río Cuarto para conocer personalmente la obra y dar una respuesta definitiva. El padre Silvi había fallecido dos días antes, pidiendo que fueran las Hermanas para continuar la obra. Ese mismo día en todas las Eucaristías de Río Cuarto se pedía por las Hermana que tenían que ir al Cottolengo, ya que éste había quedado abandonado, aunque en manos del Obispado.
Las Madres se dieron a conocer y se entrevistaron con el señor Vicario, Monseñor Julio Lorenzo Estrada, con quien inician los trámites de la fundación y se concreta la elaboración del convenio.
El 16 de septiembre de 1988, llegan las primeras Hnas.de Ntra. Sra. de la Consolación : Madre Provincial, Josefina Cornelles, Madre María Dolores Monferrer, como Superiora; Madres Geni da Silva, Madre Ana María Acosta y Madre Eugenia Segura.
Las Hermanas que integran esta comunidad venían de distintas realidades: España, Argentina, Brasil y Chile. Pero las unía un mismo carisma de misericordia y consolación que su Fundadora Santa María Rosa Molas les sintetizó en una frase lapidaria, con la fuerza de un primer mandamiento: “Todo sea para gloria de Dios y bien de los prójimos, nada para nosotras”. Y caminan – ellas mismas nos lo dicen-
“ con la mirada fija hacia esa meta, pues sabemos que es el Señor quien conduce nuestra propia barca y la lleva con seguridad, aún por caminos ocultos y desconocidos”.
Afortunadamente, en el poco tiempo que llevan, han cambiado totalmente el aspecto de la casa. La misma prensa local se hace eco en un largo artículo:
“El Cottolengo vuelve a revivir”. Explican:
“Una imagen distinta es la que ofrece en la actualidad nuestro tan apreciado Cottolengo Don Orione. Tras la muerte del precursor de la obra, el padre Geniale Silvi, ésta pasó a las manos de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación , quienes se han hecho cargo de toda esta gran obra […]
El Cottolengo está nuevamente en pie, con todo el amor y la dedicación que se puede esperar, para que la tarea no se detenga y no se deje de lado a tantas personas necesitadas material y espiritualmente”.
Esta casa abre sus puertas para que las Hermanas de la Consolación puedan penetrar por todos sus rincones y acercarse a cada hombre o mujer, anciano o persona con capacidades diferentes, al marginado de la sociedad de hoy y verterle – con sus palabras sencillas y sus gestos de amor y sacrificio – todo el amor de Dios, a través del cauce de las Hermanas se hará consolación y gozo sereno, armonía, alegría y paz honda, en las vidas de estos predilectos hijos de nuestro Padre Dios.
Esta Casa alberga a los olvidados de la sociedad, de los que ya nada se espera, los que no son útiles a los ojos de los hombres, pero cuyas vidas encierran un tesoro incalculable y que la donan generosamente a cuantos se acercan a brindarles una ayuda.
“Si siembras amor cosecharas el cielo…”
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